Esta explosión de J-metal es un huracán de energía pura, donde la batería marca un ritmo implacable que golpea con la fuerza de 100 martillos, mientras las guitarras nos regalan un sonido agresivo y técnico, perfectamente equilibrado entre la crudeza del metal, con la precisión características de la escena asiática. La canción no solo suena potente, sino que respira intensidad, desde los riffs frenéticos, hasta los breaks abruptos que mantienen la atención en todo momento.
Aunque es la voz el elemento que más resuena, alternando entre una principal limpia pero firme y gritos desgarrados, ambos transmiten determinación, incluso en las frases más melódicas. Su letra celebra la naturaleza impredecible del ser humano, esa lógica imperfecta que desafía todo cálculo frío y artificial, es un grito de guerra que recuerda que nuestra humanidad, con todas sus contradicciones, es nuestra mayor arma. Es una canción que está diseñada para electrizarnos, sacudirnos y dejarnos con la adrenalina corriendo por las venas.
Desde Shanghai nos llega esta joya con espíritu combativo y desafiante.
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